
[Miles de disculpas a los pocos seguidores de este blog, ultimamente he estado fuera de mi y no tuve tiempo para publicar, les prometo que de ahora en adelante publicare al menos cada 15 dias este blog que promete no llegar a la decima entrega, como bonus les obsequio una inspiracion mia solo para los asiduos seguidores a mi blog, saludos, Jo.]
Si es que Fernando alguna vez amo a alguien fue a Diana. Diana era una niña de tan solo 7 años cuando Fernando llego a vivir a Los Jardines, barrio al que llego como chico nuevo luego de mudarse de la casa de sus abuelos en chacarilla, en ese entonces jugaban junto a los chicos del barrio a los clásicos juegos de niños como 7 pecados, kiwi, mata gente, y sobre todo a las escondidas, y es que a Fernando siempre lo encontraban por que Diana corría tras de Él como si fuera su sombra. En ese tiempo Diana, con su vestido blanco y sus colas en la cabeza no pasaba de ser la niña chinchosa que hacía perder la paciencia a Fernando. Grata fue la sorpresa de Fernando al entrar un día al MSN y hablar con ella luego de casi 5 años… Se escucho un tukutin de la nada:
-¿Hola Fernando como estas?
-Hola Diana, a los años… ¿Dónde estás?
-En casa de mi mama, en Los Olivos, te tengo una noticia, iré a vivir un par de meses a la casa de mi papa, como antes.
-Los padres de Diana se habían separado hace ya algún tiempo, cosa que hizo que Diana se vaya a vivir junto a su mama y sus dos hermanos a casa de sus abuelos maternos, pero por esas cosas del destino regreso a vivir al barrio de Fernando, el cual tomo la noticia de manera natural…
-Manya que chévere, ¿y por qué justo ahora?
-Lo que pasa es que me quiero preparar para la universidad y mi papa me pagara la academia.
-Mira que chévere, yo te puedo ayudar si quieres...
-Si gracias, cuando este por allá espero verte, te dejo mi mama me llama un beso…
-Ok, cuídate.
Fernando transcurría sus días universitarios en La Católica junto con sus clases de francés en la Alianza, por lo que llegaba a casa muy tarde y no estaba enterado de las ultimitas del barrio, cuando un día, al llegar de noche, sus amigos Víctor y Cesar lo encontraron en la esquina de su casa.
-Oe Fernando ha venido Diana, y está preguntando por ti, te llamo a tu casa pero no estabas, está muy buena la chica!!
-Jajaja, payasos!! Bueno ya iré a verla… gracias!
Ese comentario hizo que le diera mas curiosidad a Fernando de ir a buscarla, de saber cuánto había cambiado aquella niña de vestido blanco y trenzas de caballo, así que decidió ir a verla luego de cenar, así que se invento una excusa creíble ya que la persona que lo recibiría seria el papa, no ella. Entonces Fernando, armándose de valor juvenil se peino como nunca (En ese entonces usaba el cabello largo muy de moda) y enrumbo a la casa de su ya vecina, y cuando la vio solo pensó en algo: TENGO QUE ESTAR CON ELLA.
Era un Ángel en la tierra. Una chica de mirada tierna con voz dulce, tan dulce como un melocotón de primavera, su cabello lacio y negro se movía con el va-y-ven del andar de su figura muy bien dotada, su piel era tan suave que hasta el mismo temía hacerle daño si la tocaba, Fernando estaba muy impresionado tanto así que Diana tuvo que bajarlo de esa nube en la que estaba:
-Hooooooooooola Fernando! ¿ Como estas? Estas igualito a cómo te recuerdo…
-Ho-la-Dia-naaa… Tuuu También.
(Mentira. Lo que en realidad Fernando quiso decir fue: Diana estas preciosísima, estas hecha toda una mujer, ¿Quieres estar conmigo?)
-Mentira estoy Gorda, más gorda que antes, en cambio tu estas como hace 5 años.
-Es que me conservo bien, Jajaja.
Ese fue el inicio de una relación larga, una relación que en sus primeros días eran de conversar de sol a sol, de salir a pasear por ahí, de llamarse cuando no estaban juntos, era obvio que existía una atracción mutua, una atracción física y sobre todo espiritual, Fernando se enamoro muy rápidamente de ella, y ella le confesó que desde niña estaba enamorada de Él, cosa que facilito las cosas un poco más, pues al mes de haberse encontrado se hicieron enamorados. Diana era la única persona que traía paz a la vida de Fernando, ya que en los 4 años de relación que tuvieron pasaron muchas cosas juntos, buenas y malas, era increíble el grado de confianza que tenían que incluso uno sabía lo que pensaba el otro de tan solo mirarse, un gesto era suficiente para comprenderlo todo. Ellos se sentian tan uno del otro que para ellos las unicas personas en este mundo eran ellos, se sentian tan libres como si viajaran por un globo alrededor del mundo...
Diana era la última enamorada que Fernando había tenido, era la persona que más lo conocía y por la que Fernando era capaz de dejar todo atrás. Pero, ¿Por qué terminaron?, Diana era una chica muy bonita, de piel clara con cabellos negros tan delicados como la seda, de voz melodiosa que produce que las cosas pasen tan lentas que se pasaban horas de horas conversando ya sea por teléfono o en la sala de su casa sin percatarse de las agujas del reloj. Quizás sea por esto que Fernando en su afán de no perderla la descuido y la dejo ir, las dudas y los celos llevaron al límite del respeto esa relación.
- Alo ¿Fernando? Me siento triste, te extraño mucho, voy a ir la casa de mi papa hoy, quiero verte…
- Ok Diana, yo también te extraño, te esperare por qué no voy a la universidad, quiero hablar contigo yo también de muchas cosas…
- Ya pues, nos vemos más tarde entonces, bye…
Fernando se encontraba triste porque la desilusión de Mariella lo había hecho chocarse de cara contra la realidad, pensó que quizás al hablar nuevamente con Diana, su manzanita, como él la llamaba cariñosamente podía hacerle cambiar ese mal sabor que le dejo Mariella al jugar con él, peor sería su decepción al enterarse que Mariella no era la única…
¿Continuara?

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